El pasado 12 de mayo se realizó el triatlón
de media distancia de Buitrago de Lozoya (Madrid: ECOTRIMAD) con una
organización bastante buena y con vistas de convertirse en un referente por el
emplazamiento de los circuitos (vistosos y bien cuidados) así los medios
implicados en la ejecución: bastantes jueces (quizá escasos en la bici), buenos
avituallamientos, muy buena publicidad y sobre todo una organización con ganas
de resolver cualquier contratiempo y preocupados por los triatletas.
La pasada edición estuvo pasado por agua,
granizo y bajas temperaturas, en esta el buen tiempo predominó toda la prueba,
quizá gran calor en la carrera a la que no estábamos aclimatados, no por la
época del año en que se desarrolla sino porque tres días antes estábamos a 10 ó
15 grados menos.
Con las perspectivas de un buen precio (creo recordar que nos salió 100
€) y con la planificación de la temporada hecha para el mundial de Vitoria,
decidimos, en enero, mi hermano y yo (Jorge se nos quedó en el camino por falta
de preparación pero espero que la espinita se la saque con otro reto igual o
más importante) hacerla e ir calentando de cara a la larga distancia.
La prueba empezó el sábado a medio día, así que nos dio tiempo a dormir
entre Pinto y Valdemoro, o sea, en San Martín de la Vega en casa de unos amigos
y el sábado por la mañana hacer los cien kilómetros que nos separaban hasta
Buitrago (un pueblo con un marcado carácter medieval: la meta es una plaza
amurallada). Recoger los dorsales y poner las bicis en el box fue rápido (buena
organización), así que a las doce empezaron los élite y después nosotros (los
grupos de edad) por oleadas: metían a varios grupos de edad en salidas cada
cinco minutos. La natación se desarrolló sobre un pantano con el fondo de la
sierra de Madrid en la que aún se observaba la nieve, creo que este segmento
fue lo único llano que teníamos porque los otros dos eran “rompe-piernas” y muy
exigentes. Salimos de la natación y nos dirigimos al box para empezar la bici,
tras “carrerita” de unos 300
metros (claro que cuesta arriba para ir “calentando”),
después a realizar el segmento de bici: dos vueltas con mucho sube y poco baja.
Este segmento resulto ser muy exigente y la gente salió como “galgos”, porque
después de hacer una buena natación (el corazón lo tenía en la garganta), y no
haber visto el circuito de bici, me lo tomé con serenidad con expectativas de
encontrarme lo que anunciaron en la página web: “mucho perfil y bici
rompe-piernas”, así que la gente empezó a pasarme hasta que adelantando a uno,
éste se cambió de carril sin previo aviso y me enganchó el cambio trasero
sacándolo por lo que tuve que parar para intentar arreglarlo (cuestión que
resolví metiendo el cableado en la guía a base de fuerza con los dedos), entonces
me “re-activé” y me puse a darle caña a la bici para ver si podía coger al
dorsal 360 (que se me quedó grabado en la mente porque estuvo a punto de
tirarme con el enganchón que me dió), para poder cogerlo y soltarle “todo lo que
pensaba”, así que empecé a subir de las 150 pulsaciones (en competiciones
normalmente la bici no suelo pasar de 140) adelantando a bastante gente, sobre
todo en la bajada y en los llanos (yo llevaba la cabra). Metido de lleno en la
carrera empecé a adelantar a números por debajo de 100 (estos eran elite) y me
dio más alas en la bici y el pulso más alto, así que empecé a pensar que me iba
a pasar factura en la carrera, pero seguí con este ritmo hasta el final y ver
lo que pasaba.
Acaba la bici y en la transición noto como
dos piedras en el cuadriceps (evidentemente me había pasado en la bici y esto
me pasaría factura), nunca había sentido las piernas tan congestionadas y
bloqueadas, así que la carrera la planteo relajado y conservando la técnica (un
buen ataque de rodilla y cadera alta). Me pasó uno que lo había adelantando en
la bici, justo antes de la transición, y decido seguirle y mantenerle la
distancia (conservando una buena técnica), pero me quedan 20 kilómetros por
delante y esto pinta mal (primer kilómetro todo cuesta arriba y bien “arriba”),
pero consigo mantener la distancia del que me había pasado y el ritmo… hasta el
final.
Curiosamente nunca hubiese hecho esto porque
normalmente soy bastante conservador, pero un día tenía que pasar… probar y
conocer más los límites, y que mejor escenario en una prueba, dónde la carga de
importancia no era mucha y no había ningún tipo de presión.
Creo que para poder superarnos, conocernos, saber más nuestros límites….
MADURAR deportivamente, hay que apostar por cotas más altas y reflexionar
después de haber competido, sacar el máximo provecho que nos da la competición
y esto es la misma carrera, dónde se desarrolla el mejor escenario para
conocernos.
Con el entrene cotidiano, bien hecho, bien planificado… los frutos
llegan pero hay que apostar, arriesgar… y quizá equivocándonos lleguemos a
mejorar como deportistas si después, claro está, hay una buena integración de lo acontecido en
la competición.
Yo he “madurado” (con 43 años y 14 practicando triatlón) con esta
competición, porque aposté por superar el límite “mental” que me había
autoimpuesto por miedo a equivocarme, que me había autoimpuesto por unos
entrenamientos con trabajo de umbrales de los que no pasaba, de una costumbre
de pensar que mañana tengo que seguir entrenando y hoy tengo que acabar bien
para mañana tener fuerza...
Os aconsejo que apostéis por
vuestra maduración y disfrutéis después de estas sensaciones y de la riqueza de habernos
superado tanto mental como físicamente…
Mi hermano también aprendió: “la dureza no
la ponen los recorridos… la ponemos nosotros”.
Saludos.
Por Rafa
Por Rafa
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