TRIATLON TORRE DEL MAR
Suena el despertador: las seis y media de
la mañana… sigue lloviendo y hace bastante frío. La cabeza empieza a pensar en
el triatlón de Torre del Mar: ¿se anulará por mal tiempo? ¿Anularán algún
segmento?... ¡Uff! Con esta lluvia y este frío hay que pensar en ir o no ir.
Desayuno a las siete (como siempre tres horas antes de la competición) y
sin variar los alimentos, para que todo esté bien “controladito”, después toca
otra vez revisión de material (que la noche anterior previamente ya estaba
ordenado), seguramente para calmar nervios y meternos como rutina. De vez en
cuando me asomo por la ventana para comprobar que para de llover o que llueve
menos… efectivamente parece que llueve menos a partir de la ocho de la mañana,
hora en la que cojo el coche para irme a Torre del Mar y estar sobre la ocho y
media para recoger dorsales.
Llego a las 8 y media y sigue lloviendo, aparco y me dirijo a recoger el
dorsal. En la cola se ven los paraguas para protegernos de la lluvia y se
empiezan a ver “viejos conocidos”. Saludos y comentarios sobre el frío y la
lluvia. Recojo el dorsal y me empiezo a poner el neopreno, ni siquiera espero a
que saquen la temperatura del agua ya que el frío que hacía seguro que lo
íbamos a utilizar (al final estaba a 13,5º, un grado y medio menos y se anula
este segmento).
Los boxes abren tarde y mal, tarde porque empezaron a abrir a las diez
de la mañana (hora en la que era la salida) y mal porque un vehículo estaba
estacionado en la entrada impidiendo la fluidez en la cheking de boxes.
Últimamente me llama mucho la atención el protagonismo que adquieren los
jueces: gritos, órdenes, etc… y tonos que lo único que hacen es incomodar a los
que resignadamente tenemos que ponernos en cola para entrar con el material,
con un pago previo a un evento,… creo que habría que reflexionar sobre estas
“formas” que tienen los jueces ya que son profesionales y están “cobrando” por
un trabajo (no como los voluntarios, que parecen más profesionales en modos que
algunos jueces).
Durante la espera desde las nueve y media hasta que nos metimos en el agua (alrededor de las diez
y media) paró de llover, pero justo en el momento que estábamos en línea de salida
empieza a caer una tormenta, lo que presagiaba una bici “acongojada” por el
temor a las caídas.
Suena la bocina, tras una primera salida falsa dónde volvieron a
colocarnos, y empezamos a hacer el típico triangulo de la natación: boyas a
izquierda y salida hacia boxes. El agua muy fría, la gente aglomerada (como
siempre) y los jóvenes nadadores “pasandonos por encima”.
En la salida del agua seguía lloviendo, mientras piensas en las rotondas
y visualizas dónde estaba la bici, piensas en el casco como primer elemento,
hoy las gafas no las utilizaré, y salida para el recorrido.
Transición rápida (que esto es un
sprint) y la bici con muy pequeños grupos: en un principio nos juntamos nueve
pero en la primera rotonda un competidor
cae al suelo (escalofriante el sonido del carbono chocando con el
asfalto y el lamento del triatleta: pensamiento “uff! A mí no me ha tocado).
Esto hace ser más prudente o ir con más miedo. Los grupos se van desintegrando
por la dificultad de chupar rueda en bici: si llevas gafas ves muy poco, y si
no las llevas tienes que cerrar los ojos por la cantidad de agua que te llega
directamente a los ojos. Seguimos en
bici (solo quedamos tres de un grupo de nueve) y llegamos a la subida de Cajiz,
subimos y bajamos (con más miedo que vergüenza), enfilamos los últimos
kilómetros de bici y enganchamos a algunos que se habían descolgado de los
grupos anteriores.
Llegamos a la transición (otra vez visualización de bici y orden de
colocación de elementos (hoy no toca llevar gorra ¿por qué será?). Dejo la bici
y me atranco con la zapatillas: los pies y las manos están muy frías… después
de intentar un rato (quizá fueron cinco segundos pero es que en la competición
es tiempo es tan “relativo” y “rápido”) meterme la zapatilla izquierda, me doy
cuenta que me he dejado el dedo del pie fuera y no puedo meter el pié (lo tenía
tan frío que ni lo sentía), consigo meterlo y empiezo a correr: pies
“congelados” que me hacen sentir la lesión del espolón más intensamente… la
demás gente a mil por hora, que me hacen parecer una tortuga… y mientras tanto
la lluvia cayéndote y empapando más los ánimos.
Charcos y más charcos, el suelo resbaladizo y haciendo lo imposible por
no peder tracción. Ves a los demás con buenas y malas caras, semblantes de
sufrimiento y de gozo (a saber lo que pasa por la cabeza de cada uno) y empiezas
a saludar a los conocidos, eso sí, con pequeños gestos para no perder mucha
energía.
Ves el arco de meta… intentas apretar sin peder tracción por la lluvia
(eso es lo que me contaba… por no tener más fuerza era la otra realidad). Pasas
por debajo del arco, pitido del chip y hasta la próxima: RÁPIDO Y EXHAUSTO (dos
cosas que tienen estos triatlones cortos).
Después a hidratarse (que con la lluvia se ve que no fue suficiente) y a
comentar con los demás cómo había ido: está claro que los comentarios eran muy
efímeros porque seguía lloviendo.
A partir de este triatlón (por supuesto con bastante frío) deberíamos
pensar en hacer dos categorías: FLAMENCOS (triatletas largos y delgados con
tendencia a quedarse “pajaritos” en estas condiciones climatológicas) y OSOS
(que acumulamos grasa en invierno para empezar a gastarla a principios de
verano, y que en estas condiciones tenemos más “aislante natural), por supuesto
que yo me voy a los osos que con el calor ya nos ponemos en otra dimensión del
sufrimiento.
Al final: sonrisas por haber pasado estas inclemencias, buenas
sensaciones para los que no participamos en el Ican (este era más barato) y
deseando que llegase el buen tiempo para seguir entrenando. ¡Ah! Y bastante
participación de nuestra gente, que poco a poco, y con la pronta llegada de la equipación
nos vamos conociendo cada vez más.
Enhorabuena a todos los que participaron y buenos deseos para el
próximo.
Por Rafael López Cazorla


Eres un crack, entrenando, compitiendo .....y escribiendo. Enhorabuena, me ha encantao la crónica
ResponderEliminarBuenos días, la intención de los jueces no es gritar ni mandar como tu dices en tu crónica, si alguna vez nos has escuchado hablar un poco más alto de lo normal es para intentar que la entrada a boxes sea lo más rápida posible y cómoda para los triatletas, no nos gusta ser los protagonistas de las pruebas por que eso corresponde a los participantes, llegamos los primeros y nos vamos los últimos creo que no está bien pagado por todo el trabajo que hacemos y por supuesto no somos profesionales, solo somos amantes de este deportes, saludos.
ResponderEliminarMario Pérez.